viernes, 26 de diciembre de 2014

Capítulo 4 -Éxtasis-

-Un… ¿shamen? Karl, nunca he oído hablar de…-

-¡Ya lo sé! Es muy largo de explicar, pero somos una raza más antigua que la de los vampiros-

-¿Tiene que ver con los shaman?-

-Exacto, chamán o shaman en inglés, curanderos, sanadores, dependiendo de la sociedad y de la época histórica o el país se nos llama de una forma u otra… no todo el mundo que afirma ser un chamán es un shamen, a lo largo de la historia se ha visto nuestro trabajo, las curas milagrosas y esas cosas, pero nadie sabía realmente como lo conseguíamos, así que se ha atribuido siempre al poder de los espíritus, la madre naturaleza… ya sabes-

-Entonces… ¿Tenéis poderes curativos?-

-Sí algo así, eeeh, oye es que… no debería habértelo contado- Su pulso se aceleró y miraba hacia todos lados como si esperara que apareciera alguien -Tenemos que salir de aquí-

Agarré su mano cuando intentó llegar hasta su equipaje -Espera, Karl ¿Por qué no me lo puedes contar?-

-P-porque… ¡porque es la primera regla! el anonimato es lo que nos ha mantenido vivos. Nadie puede saber que existimos o correríamos peligro, experimentarían con nosotros o nos obligarían a hacer cosas que no podemos ¡o no queremos hacer!, no todos tienen los mismos poderes y habilidades y no todos curan las mismas enfermedades o dolencias. De verdad Egil, no me pidas que te cuente más-

A través de sus ojos pude ver el nerviosismo y el mal rato que estaba pasando con la conversación, así que decidí que lo mejor era dejarlo… por ahora.

-Esta bien, no diré nada-

-Ni siquiera a…-

-No, ni siquiera a Hares. Pero deduzco que me lo has contado por algún motivo-

-S-sí, cuando llegue el momento lo entenderás-

-Vaya secretismo, chico-



John llegó en ese momento con la comida, se le veía cansado y con muy mala cara.

-Ey, John ¿estás bien?-

-No, creo que me he resfriado y que tengo fiebre-

-A ver, déjame echarte un vistazo- se ofreció Karl levantándose de su asiento y tocando su frente -Sí, tienes bastante fiebre-

-¡Uy, es verdad, eres médico! Que suerte la mía-

-Parece gripe por los síntomas… dentro de unos días deberías estar bien-

-Ya, pero no tenemos unos días- no me gusta ser demasiado brusco, pero la situación no nos permitía relajarnos -tenemos que irnos de este país-

-Espera Egil… ¿nos vamos a ir?- dijo Karl atónito.

-El medallón no está aquí-

-Pero… ¿Qué pasa con lo de Balghor? ¿váis a dejar que lo despierten siendo tan peligroso como dice Hares que es?-

El niño tenía razón… Hares no dejaría este tema aparcado y seguramente ya estaría fuera maquinando algún plan para entrometerse de lleno en los asuntos de esa organización super secreta tan influyente.

-¿No puedes darle algo para que se cure su gripe? Ya sabes… ¿algo?- si era un curandero a lo mejor podía curar algo tan simple y común.

-EGIL… Recuerda lo que te he dicho-

-Tsk… mierda-

-¿Qué pasa?- John nos miraba confundido.

-Nada… debió de conseguir el carnet de médico en una subasta-

-¡Oye!- por fin veía a Karl enfadado… mentiría si digo que esa cara de dulce y tierna rabia dirigida hacia mí no me estaba poniendo a cien, a partir de ese momento me hice adicto a molestarlo -He acabado la universidad un año antes de lo que la gente suele tardar, así que no pongas en duda mi destreza. Una gripe no se puede curar de otra manera… NO se puede-

Si no hubiera estado John probablemente le hubiera acorralado contra la pared en esos momentos, pero me parecía una falta de respeto hacia la persona que ha decidido entregarme su sangre todos estos años, aunque le haya pagado una cantidad de dinero bastante importante por ello.


La noche avanzaba y Hares no aparecía por ninguna parte, así que decidimos salir del hotel e ir a buscar otro en el que pasar los días hasta que al final encontramos uno bastante lujoso pero sin cabañitas, este era el típico complejo hotelero para turistas con miles de piscinas, jardines exóticos y la codiciada pulserita para beber y comer lo que quisieras, aunque al no ser que tuvieran barra libre de musculosos caribeños, a mí esto último no me interesaba.



John se disculpó mil veces durante el transcurso de la noche por no poder ofrecerme su sangre como cena hasta que al final gritándole conseguí que dejara el tema:

-JOHN ¡Cállate de una vez! ¡Te he dicho que está bien, no eres el único humano que camina sobre la faz de la tierra! Además, no me pasará nada si dejo seco a algún león que encuentre por la selva-

-E-eeeh, amo… ¿leones en México?- me dijo el listillo con una sonrisita estúpida.

-Lo que sea… no beberé sangre de animales inferiores a un león en la cadena evolutiva-

-Tienes el Jaguar y el Puma-

-Si no hay más remedio…-

-Egil- me giré para mirar a Karl cuando oí mi nombre y me dijo sonrojado -Te dije cuando nos conocimos que podéis beber mi sangre. Entiendo la situación y… no me importa-

La tensión era palpable, John le miró con el ceño fruncido, nunca pensé que fuera celoso, pero parecía que le había molestado el ofrecimiento. Resopló y se levantó de la mesa en la que estaba sentado.

-Voy a por un caldo caliente-

Con esa corta excusa se fue de la habitación con un leve portazo.

-¿Vosotros dos estáis…?-

-No, no. Él me da su sangre y yo le pago por ello, pero llevamos así 15 años y puede que no le haga mucha gracia-

-Oye ¿Como va a encontrarnos Hares?-

-Siempre sabe dónde estoy, si bebes la sangre de un vampiro este puede saber donde te encuentras-

-¿Bebes su sangre?- Su cara de confusión y de asombro casi me hace reir.

-No, no me hace falta. Su sangre me creó. Si quieres otro día te explico como funciona-

-Vale, me has dejado con la curiosidad-

Podía notar todas sus venas latiendo al ritmo que dictaba su acelerado corazón, se sentó en la cama con sus manos en sus muslos, mirándolas mientras se las acariciaba nerviosamente:

-Nu-nunca he hecho esto… emmm… ¿Dónde vas…?-

No pude más, después de esos escasos días deseando su cuerpo al final exploté cuando vi esa inocente expresión ruborizada y me abalancé sobre él como un depredador. Le tumbé en la cama y fijé mi mirada en sus ojos esmeralda, no quería forzarle a hacer algo que no quería, así que decidí ponerle lo más caliente que pude para que fuera él quién me lo suplicara.
Acaricié su hermoso rostro y lamí despacio su yugular hincando levemente mis colmillos, su cuerpo se retorció debajo del mío mientras gemía y agarraba con fuerza mi camiseta atrayendome más hacia él.

-¿De verdad quieres esto?- apreté con más fuerza atravesando ligeramente su carne.

-AAAH SI-

Lamí las escasas gotas que habían escapado de su cuello, era tan exquisito como olía y quería saborearlo despacio. Llevé una de mis manos a la zona debajo de su ombligo y la deslicé poco a poco por dentro de sus pantalones hasta que llegué a su abultada erección… estaba tan duro.

-¿Te gustan mis caricias?-

-S-sí- dijo tímidamente hundiendo su cara en la camiseta a la que aún se aferraba con fuerza para que no viera su rubor.

-Déjame ver esta preciosa cara-

Apreté con más fuerza su suave polla y él gritó arqueando su espalda y arañando la mía con desesperación… estaba tan caliente que si se la metía en esos momentos probablemente ni lo notaría, pero como he dicho, necesitaba que él me lo pidiera.
La necesidad de probar esa deliciosa sangre me estaba impacientando, pero quería hacerlo mientras le embestía, para que nunca olvidara el placer que se siente cuando un vampiro se alimenta de un humano, quería que al día siguiente me ofreciera su cuerpo otra vez… quería que fuera mío.

-Egil-

En su voz se reflejaba deseo, desesperación, miedo… con John nunca había sido así, solo era lujuria lo que él sentía, era adicto a mis embestidas y mis dientes, pero no había nunca saboreado su inocencia ya que desde el primer día aceptó lo que era.

-¿Tienes miedo Karl?-

Seguí masajeando su glande muy lentamente y comenzó a gotear cuando le formulé esa pregunta que no contestó.

-Estoy deseando clavar mis colmillos en tu cuello virgen-

-¡Egil!- volvió a arquear su espalda cuando apreté su mojada punta con mi dedo pulgar.

-Dime lo que quieres y te lo daré… suplícame humano- retiré mis caricias de su entrepierna, pero una pequeña mano temblorosa agarró la mía impidiéndola salir de sus pantalones.

-P-por favor… no… Qui-quiero más-

-¿Quieres más de esto?- le masturbé a toda velocidad deleitando mis oídos con sus gritos de placer -Yo puedo darte lo que necesitas-

Deslicé un dedo hacia su agujero, el cual se estaba contrayendo involuntariamente por el deseo que secuestró su cuerpo, y lo empujé dentro despacio, metiendo solo la uña.

-¡Más… MAS!-

-Tranquilo… tendrás mucho más-

Metí mi dedo corazón en su boca y él lo lamió con ansias, la saliva resbalaba por su barbilla y su cuello y no pude evitar lamerla mientras le introducía ese dedo despacio. No recordaba nunca haber estado con nadie con un culo tan estrecho y mi erección comenzó a gotear también y a palpitar de impaciencia.

-Mi polla está empapada… y tú eres el culpable-

Entendió a la perfección lo que quería insinuarle y me empujó tumbándome boca arriba. Yo no podía dejar de mirar esa deliciosa cara mientras él desabrochaba mis pantalones con torpeza. Cuando bajó la cremallera se quedó mirando dubitativo.

-A qué esperas, sácala de ahí-

La buscó por mis calzoncillos y sin bajarme la ropa la sacó y la sostuvo en su temblorosa mano mientras la miraba de rodillas.

-¿Quieres comértela?-

El asintió y lamió con su cálida lengua las gotas que salían del agujero, cerró los ojos y poco a poco fue metiéndosela en la boca, gimiendo como si fuera un niño lamiendo su primer helado. Agarré su pelo y quise atravesarle la garganta, pero me contuve ya que era su primera vez y dejé que experimentara a su antojo.

-Ya, para… vas a hacer que me corra si sigues chupando así-

Volvió a ponerse de rodillas y por primera vez me miró a los ojos a la vez que retiraba un hilo de saliva de sus labios con sus nudillos.

-Ven aquí- le ordené mientras le bajaba los pantalones.

Agarré su delgada cintura y lo coloqué en mi regazo, él se acercó lo más que pudo a mi cuerpo juntando nuestras erecciones y me besó con una ternura a la que yo no estoy acostumbrado. Una sensación extraña me recorrió el cuerpo, era cálida y reconfortante y calmó un poco mi lujuria dejándome disfrutar de su lengua un rato más. Pero fue él quien parecía no tener paciencia y agarró mi erección firmemente con su mano derecha, me miró a los ojos y me rogó:

-P-por favor… Egil- Mierda… si seguía pronunciando mi nombre de esa forma tan caliente no podría mantener mi control a raya.

-¿Quieres que te la meta?-

Él asintió y elevó sus caderas buscando su agujero con mi polla hasta que comenzó a metérsela despacio. Gemía y temblaba mientras iba aumentando la profundidad, pero yo decidí cambiar de postura para que no él no notara tanto la resistencia de los músculos de su trasero.

-Espera, déjame a mí, vas a hacerte daño-

Salí de su interior escuchando sus gruñidos de protesta y le tumbé boca arriba colocando su pierna izquierda encima de mi hombro derecho para elevar su trasero y abrirlo cómodamente. Empecé a metérsela de rodillas, poco a poco y haciendo caso omiso a lo que me gritaban mis propias necesidades. El pequeño cuerpo de Karl temblaba y gritaba mientras me movía dentro de él, sus manos agarraban las sábanas con fuerza y sus caderas se movían buscando que le penetrara más profundo… y eso hice, cuando noté que ya estaba preparado aumenté la velocidad y la dureza.

-SI… ASI…. EGIL-

Me volvía loco su voz, sus gritos y ruegos me hacían perder la cordura, el instinto de bestia comenzó a tomar el control:

-¿Te gusta duro, zorra?-

-MAAAS-

-Mierda, humano… para ser tu primera vez exiges como si te abrieras de piernas todos los días. A ver si te sigue gustando ahora-

Mi lado salvaje ya se había apoderado completamente de mí, bajé su pierna para aumentar la presión y le follé como a mí me gustaba, rápido, profundo, deliciosamente duro, sacándola completamente y volviéndosela a meter con fuerza.

-NO, NOOO ¡M-me haces… daño!-

-Ya lo sé, pero puedo oler cuanto te gusta-

Lo penetré de esa forma bastante tiempo, para ser su primera vez me estaba dejado impresionado, incluso yo estaba teniendo dificultades en controlarme y no podía evitar que mi líquido preseminal se derramara por su estrecho canal, lubricándolo y facilitando mi movimiento.


-¡Voy a… me voy a correr! DAME MAS-

-¿¡Más!? Ahora viene lo mejor-


Mis embestidas pasaron a ser cortas y duras, le puse las rodillas en su pecho y sin dejar de follarle lamí su cuello y le susurré al oído.

-Voy a comerte entero… voy a beber tu delicioso jugo y te dejaré seco ¿Es lo que quieres?-

-SIII, HAZLO, ¡hazlo!-

-¡Córrete mientras atravieso tu carne!-

Y eso hizo, en el momento que sintió mis colmillos penetrar en sus venas se corrió gritando y temblando mientras yo seguía embistiéndo su culo con fuerza y bebiendo su deliciosa y extraña sangre, a medida que la tragaba notaba mi cuerpo revitalizarse, una energía me envolvía y penetraba en mis células de forma extraña, pero la sensación era tan placentera que seguí bebiendo hasta que me corrí en su agujero. Permanecí dentro de él quieto, incapaz de dejar de drenar ese reconfortante fluido, mientras él jadeaba debajo de mí, con espasmos que el orgasmo le había dejado como regalo al abandonar sus sentidos.
Yo no era consciente de cuánto estaba bebiendo, solamente sabía que quería más, pero al notar sus manos sobre mi pecho reaccioné y me aparté relamiendo las gotas que resbalaban por mis labios.


-¿Qué… qué ha sido eso?-

Karl estaba tan exhausto que solo pudo mirarme.

-Mierda, creo que me he pasado. Lo siento Karl, pero tu sangre es… ¿tiene algo que ver con… con lo que eres?-

-¿Hm? ¿Q-qué has notado?-

-He notado como si… no sé como explicarlo, como si una energía me hubiera recargado todas mis fuerzas, siento que soy más fuerte que antes-

La noticia le hizo incorporarse con dificultad y me miró detenidamente.

-¿En serio?-

-¿No lo sabías?-

-Egil… no me habían chupado la sangre antes-

-¡Ya, bueno! pero a lo mejor es normal entre los vuestros… no sé-

-No, no figura nada en ningún sitio. Tampoco creo que muchos Shamen se hayan dejado hacer… esto. Sobre todo que luego hayan vivido para contarlo-

-Ya…- su argumento tenía sentido, después de probar esa sangre cualquiera podía perder el control y ser incapaz de dejar de beber, pero yo soy un vampiro muy viejo y no me dejo llevar fácilmente por mi instinto de bestia, aunque en el sexo reconozco que no puedo suprimirlo.

-Oye… ¿me dejarías tomar una muestra de tu sangre para ver qué ha pasado? Aunque como no secuestre un laboratorio no sé cómo voy a…-

-¿Solo necesitas eso?-

-¿Qué?-

-Secuestrar un laboratorio ¿solo eso?-

-¿¡Solo!?-

-Tsk… cosas peores he hecho, tú no sabes lo que es ir con Hares-

-Pe-pero…- le observé mientras dudaba unos instantes hasta que al final dijo -Va… le, pero no quiero que nadie salga herido, Egil-

-Tranquilo, te doy mi palabra- Iba a acariciar su rostro, pero apartó mi mano con brusquedad -¿Qué pasa?-

-Te dije que bebieras mi sangre, ¡no que me violaras!-

-¿Q-Q-QUE? ¿VIOLARTE? ¡Mierda Karl!...-

-¡Yo no quería que pasara esto!-

-¿¡Y por qué suplicabas que…!? Ooooh… ya veo, mi hipnosis te ha obligado a abrirte de piernas y gritar mi nombre, también te ha obligado a chupármela y a…- no pude evitar el tono sarcástico, me ponía enfermo que siguiera negando que quería esto.

-¡CALLATE!-

Abrió la puerta de golpe y se empotró contra el musculoso cuerpo de Hares.

-QUITATE DE MI CAMINO, ANIMAL-

Mi creador se apartó dejándole avanzar y cuando se cerró la puerta liberé la risa que estaba reprimiendo.

-¿Qué le ha picado a ese?-

-Yo-

-¿Te lo has follado? aquí huele a sexo-

-Sí... bueno no. Según él le he violado por medio de la hipnosis-

-Venga… él es científico ¿cree en esas mierdas?-

-Bah… qué más da… volverá a pedirme que me meta entre sus piernas-

-¿Sabe tan delicioso como huele?-

-Ya te digo… incluso más-


Siempre he compartido todo lo que sé con Hares, mis secretos y los de los demás, pero hoy no sabía si debía contarle lo de Karl, eso de que era un Shamen y lo que sentí cuando me alimenté de él. Mi creador era muy codicioso, y si se enteraba de que esa sangre era como un bálsamo curativo le esclavizaría, así que decidí esperar un poco más.

-¿Y John?- dijo mirando en todas direcciones.

-Debería haber vuelto, ha pillado la gripe y como él no podía darme su sangre Karl se ofreció y no parece que le haya hecho mucha gracia-

-Jajajajaja ¿la zorra está celosa?-

-Hares…-

-¿Celoso? No estoy celoso- dijo John entrando en la habitación decaído.

-¿Qué te pasa entonces?- me acerqué al sillón en el que se había sentado y me senté con él agarrando su mano.

-Lo he estado pensando y con mi sueldo de la universidad puedo pagarme el apartamento de sobra y vivir bien… no quiero que sigas pagándome nada-

-John…-
-NO, no quiero. Te lo debo todo Egil, mi vida, mi carrera, mis comodidades… pero cuando escuché como alguien se ofrecía a darte su sangre de forma tan altruista… nose, algo me hizo ver que después de todos estos años no quiero sentirme como una puta contigo-

-Que mierda más tierna-

-Cierra la boca Hares- John era el único humano que se atrevía a hablar a mi creador así y sobre todo era el único al que él se lo consentía.

-Vaís a echarme otra vez con tanta cursilada… ¡por cierto! ¿sabéis que he encontrado?-

-A ver… sorpréndenos Oh Gran Dios Hares- sabía cuánto le gustaba la adulación incluso sabiendo que era irónica, así que siempre que podía lo hacía.

-Un montón de ratas estaban excavando clandestinamente en un templo cerca de aquí y…-

-¿Estaban?- le pregunté levantando una ceja e imaginando que su respuesta sería:

-Sí, muertos no pueden excavar… déjame acabar- después de posar su mirada asesina en mí siguió contando su batallita -entré por el túnel, que por cierto olía a mierda, y llegué hasta una inmensa sala llena de estatuas y un montón de basura de cobre-

-¿¡Basura de cobre!? ¡Por Dios, Hares! ¡Son reliquias milenarias!- el pobre historiador se sintió ofendido.

-Son basura… Y quién me vuelva a interrumpir saldrá por la ventana. El túnel está en el techo de la habitación, nosotros dos podemos bajar, pero vosotros no, aunque, ahora que lo pienso si os agarramos bien podríamos hacerlo-

-Espera, ¿de qué altura estamos hablando?- John parecía encontrarse peor según iba escuchando sus palabras.

-Pues… nose ¿30 metros? ni idea-

-¿¡30 metros, Hares!?-

-Si no tenéis huevos no lo haremos… en tu caso ovarios, a veces dudo-

-Vete a la mierda-

-Hmmm John…- la idea era descabellada, como todo lo que se le ocurría siempre, pero era la única manera, así que intenté convencerlo.

-¡Ya lo sé! Sé que nada os va a hacer cambiar de opinión y a mí no se me ocurre ninguna alternativa, pero al menos me desahogo ¿Dónde está Karl?-

-Papi le ha dado duro y se ha asustado-

-Hares, en serio, algún día te mataré- nunca me acostumbraré a sus provocaciones, lograré vengarme.

-Lo intentarás, basura, lo intentarás-

-¿Os habéis… acostado?- John supo la respuesta cuando me quedé sin palabras -Vaya con el niño… ¿no se supone que va a casarse?-

-No se supone… ¡VOY a casarme!- Karl entró como un huracán, igual de enfadado que cuando se había ido.

-Tenemos que hablar más bajo, parece que se nos oye desde el pasillo- Hares se lo estaba pasando en grande molestando a los humanos.

-Karl, Hares ha averiguado algo- intenté que se calmara cambiando de tema y le contamos todo lo que nos había dicho mi creador, cuando llegamos a la parte del salto tuvo la misma reacción comprensible que tuvo John, pero él se negaba rotundamente a hacerlo ya que desconocía lo que somos capaces de hacer. Al final Hares se cansó y agarrando con fuerza su mano le dijo:

-Ven- y se lo llevó de la habitación. John y yo les seguimos hasta la azotea del hotel de 20 plantas y vimos como se colocaba en el borde.

-Voy a enseñarte que no pasa nada ¿Quieres venir John?-

-No, cielo… entre la gripe y tú acabaréis matándome-

Todos nos acercamos hasta donde él estaba y observamos como se colocaba para saltar, cogió impulso y en el último momento agarró de la cintura a Karl y se lanzó con él. Oímos su continuo grito hasta que llegaron al suelo y bajamos corriendo para comprobar que aún estaba vivo… a lo mejor el susto le había matado. Al salir por la puerta le vimos sentado en el regazo de Hares, que no paraba de reírse mientras Karl estaba blanco del susto y sin habla, aunque se las apañó para decirle:

-Hijo… de… puta-

-Vamos, no ha sido para tanto ¿ves como se puede?-

-Eres un animal… ven aquí Karl- menos mal que John estaba con nosotros, de lo contrario el chico no hubiera sobrevivido a nuestra manera de hacer las cosas. Agarró su mano con cariño y le puso en pie diciéndole:

-Escucha… sé que puede parecer una locura todo lo que estos dos bestias dicen y hacen, pero después de 15 años les he visto hacer muchas cosas y puedo asegurarte que si ellos creen que se puede hacer, es que se puede. Yo dejé de cuestionar sus locuras hace mucho y sigo vivo, es más… nunca me he sentido tan vivo-

Y con esa arenga le convenció, aunque se le veía escéptico y receloso hacia nosotros. Durante el resto de la noche no nos dirigió la palabra a ninguno de los dos y se sentó con John en la terraza del hotel al lado de la piscina mientras Hares y yo salíamos a divertirnos un rato.


-¿Dónde han ido?- preguntó Karl mirándose las manos.

-Hmm mejor que no preguntes eso-

-Dime la verdad John ¿por qué has permanecido tanto tiempo con ellos?-

El historiador terminó de dar un sorbo a su bebida y suspirando le dijo:

-El me salvó la vida… Yo lo había perdido todo; mis padres pertenecían a una banda que repartía droga en casi todos los estados de Estados Unidos y no vivíamos mal, pero un día una banda rival incendió nuestra casa y ellos fueron a vengarse, murieron… y yo me quedé solo. Me negué a que los servicios sociales me metieran en un internado, así que intenté buscarme la vida como pude, pero nadie quiere a un niño de 15 años sin experiencia. Una noche yo pensé que había llegado mi hora, incapaz de moverme para resguardarme de la lluvia y el frío, muerto de hambre y de sed, tumbado con los ojos nublados, pero alguien me agarró y me llevó en brazos, me metió en un coche y lo siguiente que recuerdo es estar en una casa inmensa tapado con una manta al lado de una chimenea encendida. Cuando oí su voz y le vi la cara no pude evitar sonreír, aunque por dentro tenía miedo, no sabía que quería de mí, pero desde el primer segundo que habló conmigo, Egil fue sincero, me dijo lo que era y me propuso la relación que tenemos, así que confié en él desde el principio-

-Vaya… no me imaginaba que había sido así-

-Hares siempre se ha acoplado y… seré sincero contigo. Al principio él me daba mucho miedo, es tan grande y tiene siempre esa actitud tan amenazadora que cuando se acercaba no podía dejar de temblar pero…- paró unos segundos y miró a Karl nerviosamente -no le digas a Egil lo que voy a contarte: es un maldito dios del sexo… es perfecto. Parece que se mete en tu mente y sabe exactamente donde y como tocarte, y esos músculos y ese… tamaño, nunca he sentido con nadie lo que siento cuando estoy con Hares, pero es un gilipollas… es lo malo que tiene, que es un egocéntrico y completo gilipollas-

-E-eeeh… ya, eso he podido comprobarlo-

-Ese es el resumen de nuestra historia… han pasado tantas cosas que dejaríamos al hotel sin mojitos antes de que terminara de contártelo todo-

Ambos rieron y se relajaron mientras guardaban unos minutos de silencio. Karl permanecía pensativo y miraba a John de reojo pensando en todo lo que le había dicho hasta que al final le preguntó:

-¿Estás enamorado de Egil?-

El historiador se atragantó con la pregunta y comenzó a toser con fuerza, cuando recuperó la normalidad le dijo.

-Sí, pero nunca se lo diré… Un vampiro nunca se enamoraría de un humano-







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