viernes, 26 de diciembre de 2014

Capítulo 3 -Mentiras y Verdades-

Volví a sentir esa sensación apremiante, esas ganas de lanzarme sobre su cuello y clavar mis colmillos en él mientras le penetraba su hermoso trasero. Yo no era humano y por lo tanto no podía tener sentimientos humanos, solo quería saciar mis instintos y deleitarme con todos los placeres que aporta un cuerpo mortal.
Agarré su mentón y le obligué a mirarme, estaba temblando y en sus ojos se reflejaba el exquisito terror que sentía ante lo que acababa de confesarme.

-¿Me estás diciendo que te gusta que te toque?-

Él permaneció en silencio, su corazón trabajaba a toda velocidad y pude escuchar el extasiante sonido de la sangre viajando por sus cálidas venas. Centré mi mirada en su yugular, la recorrí con mi dedo índice notando los numerosos latidos de su nervioso y aterrado cuerpo y me relamí aspirando el extraño y a la vez delicioso aroma que desprende.

-No hueles como todos los humanos-

Acaricié su hermoso rostro retirando una lágrima que comenzaba a bajar por su mejilla.

-¿Quieres saber qué se siente? ¿Quieres saber qué es el verdadero placer?-

Cuando escuchó mis preguntas gimió y vi como el bulto de sus pantalones se hacía prominente.

-Tu prometida nunca ha logrado esto ¿verdad?- le dije acariciando su erección -Nunca te ha puesto cachondo-

Las lágrimas caían con más intensidad mientras sujetaba mi mano y la apretaba con fuerza contra su entrepierna.

-N-no- logró decir entre sollozos.

-¿Quieres más?- la pregunta fue formulada mientras desabrochaba sus pantalones -Te daré todo aquello que anhelas-

Mientras agarraba su suave y cálida erección y la sacaba de sus pantalones, la puerta de la otra habitación se abrió y Hares salió con la cara y el cuello llenos de sangre. Recuperé mi cordura y me acordé de que John estaba siendo desangrado por el hambriento de mi creador.

-¡Mierda, Hares!-

Dejé al confundido y excitado Belial detrás sin decirle una sola palabra más y fui a comprobar que mi humano estuviera bien. Cuando entré le vi semi inconsciente en la cama, temblando y  llorando, si mi corazón palpitara seguro que se habría detenido en ese instante.

-Lo siento John… sabes que no puedo con él-

Me sonrió y me tendió la mano con dificultad mientras yo la sostenía entre las mías.

-Lo se… n-no pasa… nada-

-Descansa aquí. Te avisaré cuando nos despertemos, ya ha amanecido-

En cuanto acabé de hablar se quedó dormido al instante, como si hubiera esperado que le diera permiso para hacerlo. Salí de la habitación y me dispuse a perdirle explicaciones al salvaje de Hares.

-¿Qué será lo próximo?... ¿¡matarlo!?-

-Parece que tendrías un sustituto- dijo señalando a Karl y relamiendo la sangre de sus dedos -no llores tanto-

-¿¡De qué mierdas hablas!? ¡John es mío! Te he dicho millones de veces que te busques a alguien para hacer lo que te dé la gana con él-

-Hmm ¿Qué tal esta belleza?... aunque por lo que he visto parece que también es tuyo- se acercó al humano y le levantó sujetándolo por los hombros.

-Déjale, ya has tenido bastante-

-¿Lo ves? Siempre es lo mismo contigo… ¡te dan pena los humanos! Siempre los defiendes y los tratas con cariño ¿Tengo que recordarte que nos han marginado? ¿Tengo que decirte que nos han denigrado obligándonos a beber sangre de rata? ACUERDATE EGIL, ¡Acuérdate de lo que solíamos hacer antes! ¡Recuerda esas noches exterminando aldeas, escuchando el lamento de las madres que veían como el corazón de sus hijos neonatos era devorado!- Agarró mis hombros con fuerza y me zarandeó -¿¡Dónde está el sanguinario vikingo que converti!? ¿DONDE ESTA EGIL THE REAPER?-

Hares siempre me increpa lo mismo, dice que me he vuelto blando y que me he dejado influenciar por la comodidad que nos brinda la sociedad moderna y su estado de bienestar. Antes necesitábamos sobrevivir de otra manera y no había leyes en las que nuestras víctimas pudieran ampararse porque ni siquiera se conocía nuestra existencia, solo éramos leyendas, cuentos de terror que se contaban a los niños para que no salieran por las noches. Pero mi creador no ha cambiado, él sigue queriendo gobernar a los humanos sintiéndose superior a ellos y degradándolos al status de objetos, quiere usarlos para saciar su sed y su apetito sexual sin importarle las consecuencias.

Quise contestarle, pero se metió en la habitación en un segundo, así que me volví a quedar a solas con Karl, le observé mientras permanecía quieto en el suelo mirando un punto fijo y sumido completamente en sus pensamientos.

-¿Estás bien?-

Reaccionó en el instante que escuchó mi voz y siguió terminando de desempacar su maleta.

-Sí-

Me acerqué despacio y acaricié su pelo, pero retiró mi mano bruscamente y se levantó diciendo:

-No, Egil… no sé qué me has hecho antes, pero no vuelvas a hacerlo… Te he dicho que voy a casarme-

-¿Hacerte? ¡No te he hecho nada!-

-He oído hablar sobre esa habilidad vuestra para hipnotizarnos y hacer con nosotros lo que queráis… como vuelvas a hacerlo buscaré el medallón yo solo-

-¿QUE?-

Ya estábamos otra vez con esa gilipollez… los humanos pensaban que les hipnotizamos, porque son demasiado tercos como para admitir que les ha extasiado nuestro tacto. Es verdad que segregamos una especie de hormona o algo que les excita, debe ser como una especie de néctar que les atrae a nosotros como las flores atraen a los mosquitos, mientras nos alimentamos ellos disfrutan y se dejan morder recibiendo a cambio un inmenso placer, un intercambio beneficioso para ambos… ¿pero hipnotizar?... por favor...

-Está bien, estoy muy cansado para discutir- me di media vuelta y me encerré en la habitación en la que John dormía plácidamente dejando que el sueño me atrapara.




-Egil… Egiiiiiil-

-¿De quién es esa voz tan dulce?-

-Toma mi mano… yo te llevaré -




Me desperté sobresaltado… ahora la pesadilla de este último mes me estaba hablando con una voz dulce y melódica que me cautivaba y hechizaba tentándome a seguirla, pero justo cuando agarré la suave mano acabó. Sacudí la cabeza para espabilarme y me di cuenta de que John ya no estaba, salí de la habitación con cautela pero me volví a meter rápidamente cuando noté en mi piel los abrasadores rayos de sol.

-¡Lo siento amo! Aún queda una hora para que anochezca y no sabíamos que saldrías tan pronto, espera-

Esperé que cerrara las persianas y salí cuando me dio luz verde. John se encontraba bien y no parecía tener anemia, estaba pletórico de energía y trabajaba en unos papeles que según él eran mapas de los yacimientos del sitio en el que buscaríamos. Karl sin embargo estaba apagado, leía también sus anotaciones pero su mirada era triste y decaída, como si algo le carcomiera por dentro.

-Cuando salga Hares iremos a echar un vistazo por la zona, supongo que la excavación estará cerrada y no habrá nadie-

-Sí, a esas horas uno o dos guardas como mucho- me dijo John sonriente -Hace mucho que no me adentro en unas ruinas… estoy muy emociona… ¿eh?-

La puerta de la cabaña se abrió y los debilitados rayos de sol que aún radiaban en esas últimas horas de la tarde abrasaron mi piel de nuevo mientras los anónimos visitantes permanecían en el umbral de la puerta haciendo caso omiso de los ruegos de John para que cerraran la puerta.
Con una orden alguien se acercó hasta mí y me colocó una cadena de plata alrededor de mis manos, intenté no gritar para no parecer un débil vampiro pero el metal derretía mi piel debilitando todo mi cuerpo y el dolor era insoportable, pero aún así pude escuchar la voz de Karl:

-¿¡Qué hacéis!? ¡Esto no es lo que habíamos hablado, padre!-

-¿Pa-padre?-

Mi pregunta fué ignorada mientras veía como entraban donde dormía Hares para encadenarlo de la misma forma que a mí y entonces sonreí… sonreí cuando escuché sus gritos de terror mientras huían de la habitación y me reí a carcajadas cuando Hares salió de ella como un auténtico depredador: Su mirada de odio, sus fuerza descomunal, parecía inmune al sol mientras se movía por la sala descuartizando humanos y nada parecía afectarle, ni las cadenas de plata que lograban impactar en su cuerpo ni las balas del mismo material que le disparaban.
En un par de minutos los diez hombres se quedaron en silencio, tan solo quedaba el que les lideraba, manteniéndose estoicamente en la puerta de pie, con el sol en su espalda como escudo.

-Vamos chupasangre ¿Qué te detiene?-

Hares gruñó… ese gruñido de bestia que emite cuando está realmente cabreado, y después se rió a carcajadas diciéndole:

-Iluso de mierda, estarías muerto antes de que el sol me rozara, pero veo que tu eres el jefe de estos inútiles-

-De lo que queda de ellos, dirás-

-Y también veo que eres el padre de esta basura que nos ha traicionado- En un segundo agarró a Karl con fuerza sosteniendo su cuello y levantándole del suelo con una sola mano -dime que queréis y le dejaré con vida-

-La vida de mi hijo no es tan importante como el motivo que me trae hasta aquí-

-Entonces parece que será más fácil sacarle la información a esta escoria-

En menos de un segundo atravesó su corazón con su propia mano, lo arrancó y lo saboreó mientras Karl vomitaba al contemplar la escena.

-Ni siquiera sirves para comer, tu sabor es repugnante- le lanzó su músculo a la cara mientras caía de rodillas sin pulso.

-E-eh… ¿a-alguien me quita… esta m-mierda?-

John vino hacia mí corriendo, pero la voz de mando de Hares le paró.

-QUIETO… déjale, es lo que se merece por ser tan débil-

-Pe-pero Hares, él no es tan fuerte como tú, no puede hacer lo que tú has hecho. Estoy seguro que ningún vampiro más podría-

Mi John sabía bien cuánto le gustaban las adulaciones dirigidas a su fuerza y su habilidad, tantos años juntos le habían enseñado cómo manejarlo, y al final cedió satisfecho con sus alabanzas c y dejó que me liberara.

-Suéltalo, haz lo que quieras- se giró a mirar a Karl que estaba hecho un ovillo en el suelo, llorando y temblando -y tú ricura… tú vas a explicarnos qué está pasando aquí y no te andes con rodeos-

-No os he traído por… por el medallón… Queríamos encontrar la tumba de… de Balghor-

La confesión nos dejó helados, yo no recordaba haber escuchado a Hares tartamudear nunca.

-¿¡BALGHOR!? ¿¡Pe-pero sabéis lo q-qué ha-hacéis!?-

-¿Está muerto no? ¿Qué puede pasar?-

-Qué puede pasar- dijo en tono de desesperación -¿¡Qué puede pasar si resucitas a un vampiro que ha exterminado miles de especies y que no respeta ni a los de su propia raza!? ¿¡Qué puede pasar si resucitas al vampiro más viejo y sanguinario de todos!? ¡No lo sé! ¡PUEDE QUE A LO MEJOR NOS EXTERMINE A TODOS!-

-Pe-pero solo queremos…-

-Escucha niñato, me importa una mierda lo que queráis… si abres ese ataúd se romperá el hechizo que lo mantiene aletargado, nadie pudo acercarse lo suficiente como para clavarle una estaca en su corazón, solo un hechizo a distancia fue capaz de reducirlo sellando el ataúd en el que dormía-

-Karl… ¿Quién más iba a llevar a cabo esa estupidez?- le pregunté recuperándome de las quemaduras.

-La-la empresa para la que trabaja… trabajaba mi padre-

-¿Cuántos son?-

-¿¡Cuántos son!? ¡Ni siquiera yo sé hasta dónde se extiende su influencia y poder! Son una empresa fantasma, no existen y no hay forma de encontrarlos. Ya habéis visto hasta dónde son capaces de llegar- Su voz se quebró y su mirada se entristeció -no les importa ni la vida de sus hijos, solo su objetivo-

-Mierda… ¿y sabéis con seguridad que se encuentra ahí?-

Hizo un sonido de desesperación y se pasó su mano por el pelo:

-No, ahí no está. Supongo que ellos saben su verdadera hubicación porque están recopilando unas llaves para abrir la cámara en la que se encuentra, pero a mi no me lo han dicho-

-¿Entonces nos ibas a usar para recoger una puta llave?- Hares volvió a enfurecerse -¿¡cuál era nuestro papel en toda esta farsa!?-

-Se necesita la sangre de un vampiro bimilenario para abrir el cofre-

-Genial… yo ni siquiera pinto nada en todo este asunto- en el fondo me decepcionaba que yo fuera dispensable.

-Chicos… en serio, yo nunca quise hacer esto, pero- bajó la mirada y unas lágrimas asomaron por sus ojos -si no lo hacía iban a cancelar los pagos del tratamiento de mi prometida… yo no puedo permitírmelo-

Todos guardamos silencio sin saber muy bien por dónde seguir la conversación ni lo que haríamos a continuación, pero Karl añadió:

-Yo en realidad quiero el medallón, y no os he mentido con lo que os dije. Quiero aislar esa propiedad y salvar a Sarly, pero no tengo ni idea de donde puede estar-

-Mierda… ¡todo esto es una real mierda! Voy a largarme de aquí antes de que os mate a todos-

Hares se fue con un portazo y los tres nos quedamos de nuevo en silencio sumidos en nuestros pensamientos.

-Voy a por algo para comer, estoy hambriento ¿Quieres algo Karl?-

-No, gracias John, no tengo hambre-


Estábamos solos otra vez, la habitación estaba llena de extremidades mutiladas y sangre y suspiré molesto porque el vago de mi creador nos había dejado a nosotros ese marrón.

-Nos llevará toda la noche limpiar esto-

Empecé a recoger brazos y piernas hasta que noté una caricia en mi bíceps derecho, dejé todo lo que estaba haciendo y me giré a mirarle:

-Déjalo… hay más de ellos fuera esperando a que salgamos, cuando lo hagamos entraran a limpiar. No quieren que nadie se entere de esto-

-Oh, genial entonces… vamos a recoger nuestras cosas y a buscar a John-

-Espera- agarró mi mano y pude notar como su corazón latía con rapidez.

-Hay algo que debes saber sobre mí… has dicho antes que no huelo como cualquier humano… eso es porque hay una mitad en mi que no es humana- soltó mi brazo y sus latidos se aceleraron más aún -soy un Shamen-

-¿Sha… men?-


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