viernes, 26 de diciembre de 2014

Capítulo 1 -Belial-

Algunos dicen que es una bendición, otros hablan de un castigo divino y otros simplemente lo aceptan como un eslabón más de la cadena evolutiva.

No siempre fui un vampiro, aunque me cuesta acordarme de esos días en los que blandía mi espada al servicio del Rey Ragnall, un poderoso rey vikingo que regentaba varios estados de diferentes reinos de Inglaterra, Escocia, Irlanda…

Yo gozaba de una buena posición, dirigía un escuadrón de cincuenta ávidos guerreros y nuestra misión era simple y placentera: destrozar cualquier aldea que se resistiera al dominio de nuestro rey. Pero un día, o mejor dicho, una noche, descansábamos en la intemperie, embutidos en nuestras pieles para resguardar nuestros cuerpos del intenso frío Escocés, y fuimos atacados por criaturas que nuestros ojos no habían visto jamás. Tenían el aspecto de humanos normales, pero su fuerza, velocidad y reflejos no eran cualidades que un hombre corriente pudiera poseer.
Los alaridos de mis subordinados y el sonido de la carne al desgarrarse sustituyeron al del aire polar que venía del norte y la sangre teñía la nieve haciéndola parecer negra bajo la luz de la luna mientras yo permanecía inmóvil por primera vez en mi vida. El miedo se apoderó de mi cuerpo y lo apoyó contra un árbol dejándome indefenso y expuesto, dejé caer mi espada al suelo y lo único que podía hacer era observar la dantesca escena hasta que vi como la muerte me tendía la mano para llevarme al reino de Odin…

Esta muerte no era como la que describían los relatos; la mano huesuda que me ofrecía fue sustituida por una mano fría que agarró mi mentón y lo elevó para obligarme a mirar a las supuestas cuencas vacías de un rostro sin carne, pero en su lugar encontré un hipnotizador rostro bañado por la luz de la luna… -Si este hermoso ángel es la muerte ¿quién tiene miedo a morir?- pensé mientras se apaciguaba mi terror al escucharle tararear una melodía con dulzura. Con una sonrisa me tendió su otra mano, la cual agarré instintivamente como si alguna fuerza divina guiara mis acciones, di un paso al frente y atrapó mis labios con los suyos; su lengua era tan experta que logró acariciar a la mía subyugándola al instante en un beso dominante y fiero, pero al mismo tiempo tierno y delicioso que arrancó mi honor y mi orgullo de mi alma, obligándome a entregar mi rendición a la extraña criatura que me estaba regalando semejante placer.
Agarró mi cintura con una mano mientras su lengua y sus labios lamían y chupaban mi cuello, yo solo podía gemir dejándome llevar por esa sensación tan exquisita entregándome totalmente a él… y entonces noté un pequeño pinchazo en mi yugular y entendí que esta muerte no necesitaba guadaña: mi sangre escapaba por mis venas haciendo que jadeara y gimiera con mayor intensidad -¿Qué... eres?-  mi miembro se endureció y una sensación parecida al orgasmo recorrió cada una de mis células cuando oí su respuesta -Soy tu Dios- Eyaculé en el momento en el que mi vida se apagaba, cerré los ojos y caí sobre sus poderosos brazos.
Mi cuerpo yacía inerte sobre la fría nieve, sus manos sujetaban las mías y mi corazón aún caliente usaba mi último aliento para bombear la poca sangre que quedaba por mis venas, palpitando una última vez mientras le oía decir.

-Eres mío… Egil-



Y así ocurrió, Hares se convirtió en mi creador y yo en el perro que le seguía a todas partes intentando acostumbrarse a su nueva identidad. Las debilidades del cuerpo humano desaparecieron y me sentía poderoso y sediento: íbamos de un continente a otro en busca de sangre y aventuras dejando regueros de cadáveres secos a nuestro paso, conquistamos ciudades sitiándolas bajo la seguridad de la noche, matábamos reyes mientras fornicaban con sus amantes resguardados de miradas indiscretas en sus aposentos… Pero llegó la era moderna y la diversión acabó, este mundo no puede moldearse como el anterior; la ciencia es muy avanzada al igual que la tecnología y los vampiros hemos sido considerados como ciudadanos de segunda, aunque por lo menos se nos permite vivir entre los humanos, siempre y cuando nuestras intenciones sean pacíficas, de lo contrario nos lanzan a prisiones hechas especialmente para los de nuestra raza, con plata por todas partes, paneles de luz ultravioleta por todos los tejados y lo peor de todo… con ratas como único alimento.

Podemos sobrevivir con sangre de animales, aunque las propiedades y el sabor no son los de la sangre humana, por eso, los vampiros que disponemos de dinero nos podemos permitir el lujo de contratar humanos para beber su sangre y, dicho sea de paso, echar algún polvo para desahogarnos ambos, aunque suele conllevar un plus. Hay toda una variedad de mortales que se prestan a darnos este servicio, la suma de dinero es inmensa y el riesgo suele ser mínimo por no decir nulo, pero solo hay un pequeño problema… no es del todo legal en los países desarrollados. Se intentó implantar y considerarse incluso como una profesión, pero había tantas trabas legales y pedían tanto papeleo y dinero que al final se fue creando un mercado sumergido en el que los controles sanitarios eran tan deplorables y precarios que los cadáveres se acumulaban en las alcantarillas donde el servicio era ofrecido, así que se decidió prohibir.
Por ese motivo, sabiendo donde buscar por los recovecos de la clandestinidad aún se puede disfrutar de sangre humana, eso sí, por mucha cantidad de dinero pero… ¿Qué es el dinero para alguien que tiene 1096 años?



-Egil… AAAH-

-¿Qué quieres, basura humana?-

-Quiero que… que me la metas-


Este es John, tiene 30 años y lleva desde los 15 alimentándome. Está bastante bueno por lo que mi paladar y mi vista se deleitan con él a gusto.

-Cállate… deja de rogar y ábrete de piernas-

Y este es mi creador Hares, del que ya he hablado, el cabrón parece incapaz de conseguir sus propios humanos y siempre tiene que estar presente en todas mis comidas.

-Oye, Hares ¿no puedes, aunque sea por una sola jodida vez, tener tu propio humano?-

-Vamos… ¿cuándo te he enseñado a ser tan egoísta?- me dijo mientras penetraba a mi humano.

-Tsk…- me di por vencido como siempre y seguí disfrutando de su dulce sangre a la vez que mi amo le follaba salvajemente.

-Egil… métesela-

Hares se tumbó y colocó encima a John, que se puso de rodillas exhibiendo su perfecto trasero mientras dejaba que mi amo se la metiera con un solo empujón, yo me puse también de rodillas detrás del humano y le embestí mientras él gritaba al sentir la presión que ejercían ambas pollas en su estrecho agujero. No era su primera vez, pero le gustaba complacernos gritando, llorando y suplicando con cada cosa que hacíamos para que nos sintiéramos más poderosos abusando de su mortal cuerpo, ese cálido y sumiso agujero del que empecé a hacerme adicto después de esos años.

-AAAAH AMOOO P-POR FAVOOOR-

-¡Eso es, suplica a tu amo!- me gustaba que ignorara a Hares.

-E-es demasiado, son...AAAH ¡son enormes!-

Nuestra velocidad y agresividad eran demasiado para un mortal normal como él bien gritaba, pero mi John no era cualquiera y aguantaba estoicamente la agresión con el pecho apoyado sobre el cuerpo de Hares, a punto de perder la consciencia pero sin dejar de deleitarnos con sus gritos y ruegos en ningún momento.
Por fin nos corrimos gracias a la enorme presión, el semen que estábamos expulsando a la vez se derramaba fuera abundantemente mientras seguíamos penetrándole hasta descargar todo lo que almacenábamos en nuestros testículos, cuando ya estuvimos complacidos salimos del cuerpo inerte del mortal que parecía haberse desmayado por la falta de sangre y por el placer que le envolvía cada vez que estaba con nosotros y nos pusimos de nuevo nuestras ropas.


-Te has pasado bebiendo Hares- le increpé asegurándome de que siguiera teniendo pulso.

-A tú zorra le gusta así. Parece que te has enamorado de él-

-Pero que coño… no quiero matarle, eso es todo-

-¿Desde cuándo le importa matar a alguien al temido Egil Reaper?-

Tenía razón, ese apellido me lo gané en la Edad Media descuartizando campamentos enteros al servicio de Guillermo, el primer Rey de Inglaterra.

-Búscate tus propios humanos y déjame tranquilo-

-No seas tan estúpido, tengo una sorpresa-

Guardé silencio esperando que fuera otra de sus múltiples tonterías y suspiré cruzándome de brazos:

-He conseguido información fiable sobre el paradero del medallón de Bhorn-

-¿Q-QUE?-

Vale, esta vez me sorprendió… el medallón de Bhorn… era considerado como el Santo Grial de los vampiros, un colgante capaz de hacernos caminar bajo el sol además de otras cosas igual de asombrosas. Se cree que es una leyenda, un mito, un cuento para niños… parece de todo menos real, pero ahora mi creador dice que existe y que tiene pistas sobre dónde puede encontrarse.

-N-no me estás tomando el pelo ¿verdad?-

-No, pero ahora no voy a explicártelo- dijo mirando a John y dándome a entender de que no quería terceros oídos que pudieran escuchar lo que sabía.

-Va a amanecer, deberíamos irnos- lo apremié cuando miré el reloj.

Llevé a John a su cama para que recuperara fuerzas y lo arropé resguardándolo del frío que según los humanos hacía esos días, después volví con Hares y nos fuimos del precioso y cuidado apartamento para resguardarnos del sol y poder descansar.




Él conducía orgulloso como siempre el lujoso lamborghini que compró el año pasado, lógicamente atraía las miradas de transeúntes y conductores y eso le hacía sentirse importante.

-Tsk… cerdo ególatra-

-¿Qué hay de malo en quererse?-

-Tú no te quieres, te crees el centro del universo, deja de poner esa estúpida sonrisa de superioridad-

-Egil… ¿después de todos estos años aún no has aprendido nada?-

-Sí, claro que sí, he aprendido a no ser un egocéntrico como tú, a mi me gusta más pasar desapercibido ¿Acaso tengo que ser un clon tuyo?-

-No jodas… te mataría… por eso te he aguantado todos estos años, porque tienes personalidad-

-Oye ¿vas a hablarme del medallón?-

-No, primero tenemos que conocer al que me ha vendido la información-

-Odio este puto secretismo-

-Es que no sé nada aún… te estoy diciendo que he comprado la información, hasta que no le pague no me dirá nada… esto funciona así He quedado con él mañana a las 12-

-Está bien-

-A ver si por una vez puedes mantener tu polla en tus pantalones-

-¡¿Pero eso a qué viene ahora?!-

-He hablado por Skype con él antes… está más bueno que John-

-Sí… claro-

Le miré y vi esa estúpida sonrisa de prepotente de mierda que pone, esa que hace que me den ganas de partirle la cara, aunque siempre refreno mi impulso… me dobla la edad y no sería prudente ni sensato intentarlo.


Por fin llegamos a la enorme casa de 5 pisos que compramos hace veinte años a las afueras de Los Angeles en el estado de California. Un terreno inmenso en mitad del bosque, que no creo que hayamos recorrido nunca en su totalidad, con un lago igual de grande sin ningún tipo de utilidad, pero como ya he dicho a Hares le gusta todo a lo grande.




Nosotros no dormimos en ataúdes… eso es un cuento que se han inventado los humanos para hacernos más góticos y sobrenaturales y poder incluirnos así orgullosos en la fiesta de Halloween. Mi cama mullida y suave es mucho más cómoda y relajante que un puto ataúd… ¿En qué piensan estos humanos? Cerré los ojos y no tardé en dormirme.


Un inmenso horizonte vacío se dibuja a lo lejos, el suelo es blanco y yermo, una mano en carne viva se posa sobre mi hombro y solo me queda una opción… correr.


Me desperté agitado como siempre, ese maldito y condenado sueño me lleva rondando en el subconsciente durante un mes y siempre es la misma historia: yo estoy desnudo en un campo blanco cuyo horizonte es blanco y todo es jodidamente blanco, después una mano se posa sobre mi hombro y cuando la miro veo que no tiene piel, yo me pongo a correr como una niña y después me despierto cabreado e irritado por tener este sueño de mierda.
Hares dice que soy débil y que dejo que me domine… ¿cómo pretende que yo domine a un sueño? ¿acaso su alteza puede elegir lo que ve mientras duerme?


-¿Qué haces? ¿otra vez ese sueño, nenaza?-

-Que te jodan, Hares-

-Vístete, tenemos que irnos a hablar con ese tal Bel-

-¿Bel?-

-Belial-

-¿BELIAL?  que se cree que es ¿un jodido demonio?-

-Es un apodo para la red, retrasado-

-¿Cómo alguien con un apodo tan infantil y friki puede tener una información así?-

-Deja de hacer estúpidas preguntas y ponte los pantalones-

-Sí, señor-


Volvimos al lujoso vehículo y me informó por el camino que teníamos tres horas de viaje, en momentos así echaba de menos la luz del sol ya que viajar por carreteras casi desiertas sin una pizca de luz era bastante aburrido, pero yo siempre buscaba algún entretenimiento.
Mi mano izquierda se posó en su muslo y fue deslizándose hasta encontrar el bulto de sus pantalones, lo acaricié y lo apreté y cuando ví que se había empalmado un poco le desabroché sus jeans y metí mi mano por debajo de sus calzoncillos masajeando su deliciosa y suave polla.

-Siempre sabes cómo matar el tiempo con eficacia-

Ignoré su comentario y saqué su erección para masturbarle lentamente, sabía cuánto lo odiaba y por eso me gustaba hacerlo.

-Para ya maldita zorra y chúpamela de una vez-

-¿Te he dicho que vaya a hacer eso?-

-Sabes que puedo obligarte, así que no hagas que me enfade-

Tenía razón como siempre, yo era más débil y siempre me amenazaba con esa mierda. Me agaché y me la metí en la boca mientras su mano me empujó a comérmela entera. Agarró mi pelo gruñendo y movió mi cabeza rápidamente traspasando mi garganta una y otra vez. Hares es un sádico dominante… y yo también, así que nuestros momentos sexuales eran auténticas batallas por el control, lógicamente él solía salir victorioso, por eso había veces en las que ni siquiera intentaba oponer resistencia… esta era una de esas veces.

Si fuera humano me hubiera matado por asfixia, no dejaba de atravesarme con su enorme polla a toda velocidad, parecía que no estaría satisfecho nunca, pero por fin paró en una gasolinera y descargó su semen dentro de mi garganta obligándome a tragarlo todo… bastardo.

-¿Ya está a gusto, alteza?-

-Tú boca es la que mejor me la ha chupado nunca. Voy a poner gasolina, ahora vengo-


Después de una hora y media más se desvió por un camino típico de las películas de terror en las que un hombre espera al final con una motosierra, y llegamos a nuestro destino, una casita de madera en mitad de la naturaleza. Observé el modesto vehículo del tal Belial y sonreí al compararlo con el grandioso y caro Lamborghini, el cual había pasado un mal momento en el sinuoso e irregular camino lleno de baches.

-Puta mierda de camino, voy a matar a ese gilipollas-

-Solo es un coche Hares…-

-¡Cierra la puta boca! vale más que tú-


Antes de que pudiéramos iniciar una de nuestras batallas verbales salió de la casa el tipo que nos llevó hasta allí… un impresionante chico rubio de unos 20 años nos recibió con una sonrisa, su cara era tan tierna que me provocó un ligero temblor de piernas y por primera vez en 1000 años me quedé sin palabras y babeando, extasiado con ese olor tan dulce que desprendía, incluso Hares, a quién miré de reojo, se quedó sorprendido por su esencia…



-¡Hola! Yo soy Bel. Siento haberos traído tan lejos, pero para gente que tiene toda la eternidad por delante no creo haya supuesto un problema ¿me equivoco?... WOW ¡Vaya cochazo!-

Mantenerla en mis pantalones como me había dicho mi creador iba a ser muy, pero que muy, complicado.

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