Algunos dicen que es una bendición, otros hablan de un castigo divino
y otros simplemente lo aceptan como un eslabón más de la cadena
evolutiva.
No siempre fui un vampiro, aunque me cuesta
acordarme de esos días en los que blandía mi espada al servicio del Rey
Ragnall, un poderoso rey vikingo que regentaba varios estados de
diferentes reinos de Inglaterra, Escocia, Irlanda…
Yo
gozaba de una buena posición, dirigía un escuadrón de cincuenta ávidos
guerreros y nuestra misión era simple y placentera: destrozar cualquier
aldea que se resistiera al dominio de nuestro rey. Pero un día, o mejor
dicho, una noche, descansábamos en la intemperie, embutidos en nuestras
pieles para resguardar nuestros cuerpos del intenso frío Escocés, y
fuimos atacados por criaturas que nuestros ojos no habían visto jamás.
Tenían el aspecto de humanos normales, pero su fuerza, velocidad y
reflejos no eran cualidades que un hombre corriente pudiera poseer.
Los
alaridos de mis subordinados y el sonido de la carne al desgarrarse
sustituyeron al del aire polar que venía del norte y la sangre teñía la
nieve haciéndola parecer negra bajo la luz de la luna mientras yo
permanecía inmóvil por primera vez en mi vida. El miedo se apoderó de mi
cuerpo y lo apoyó contra un árbol dejándome indefenso y expuesto, dejé
caer mi espada al suelo y lo único que podía hacer era observar la
dantesca escena hasta que vi como la muerte me tendía la mano para
llevarme al reino de Odin…
Esta muerte no era como la que
describían los relatos; la mano huesuda que me ofrecía fue sustituida
por una mano fría que agarró mi mentón y lo elevó para obligarme a mirar
a las supuestas cuencas vacías de un rostro sin carne, pero en su lugar
encontré un hipnotizador rostro bañado por la luz de la luna… -Si este hermoso ángel es la muerte ¿quién tiene miedo a morir?-
pensé mientras se apaciguaba mi terror al escucharle tararear una
melodía con dulzura. Con una sonrisa me tendió su otra mano, la cual
agarré instintivamente como si alguna fuerza divina guiara mis acciones,
di un paso al frente y atrapó mis labios con los suyos; su lengua era
tan experta que logró acariciar a la mía subyugándola al instante en un
beso dominante y fiero, pero al mismo tiempo tierno y delicioso que
arrancó mi honor y mi orgullo de mi alma, obligándome a entregar mi
rendición a la extraña criatura que me estaba regalando semejante
placer.
Agarró mi cintura con una mano mientras su lengua y sus
labios lamían y chupaban mi cuello, yo solo podía gemir dejándome llevar
por esa sensación tan exquisita entregándome totalmente a él… y
entonces noté un pequeño pinchazo en mi yugular y entendí que esta
muerte no necesitaba guadaña: mi sangre escapaba por mis venas haciendo
que jadeara y gimiera con mayor intensidad -¿Qué... eres?- mi miembro
se endureció y una sensación parecida al orgasmo recorrió cada una de
mis células cuando oí su respuesta -Soy tu Dios- Eyaculé en el momento
en el que mi vida se apagaba, cerré los ojos y caí sobre sus poderosos
brazos.
Mi cuerpo yacía inerte sobre la fría nieve, sus manos
sujetaban las mías y mi corazón aún caliente usaba mi último aliento
para bombear la poca sangre que quedaba por mis venas, palpitando una
última vez mientras le oía decir.
-Eres mío… Egil-
Y
así ocurrió, Hares se convirtió en mi creador y yo en el perro que le
seguía a todas partes intentando acostumbrarse a su nueva identidad. Las
debilidades del cuerpo humano desaparecieron y me sentía poderoso y
sediento: íbamos de un continente a otro en busca de sangre y aventuras
dejando regueros de cadáveres secos a nuestro paso, conquistamos
ciudades sitiándolas bajo la seguridad de la noche, matábamos reyes
mientras fornicaban con sus amantes resguardados de miradas indiscretas
en sus aposentos… Pero llegó la era moderna y la diversión acabó, este
mundo no puede moldearse como el anterior; la ciencia es muy avanzada al
igual que la tecnología y los vampiros hemos sido considerados como
ciudadanos de segunda, aunque por lo menos se nos permite vivir entre
los humanos, siempre y cuando nuestras intenciones sean pacíficas, de lo
contrario nos lanzan a prisiones hechas especialmente para los de
nuestra raza, con plata por todas partes, paneles de luz ultravioleta
por todos los tejados y lo peor de todo… con ratas como único alimento.
Podemos
sobrevivir con sangre de animales, aunque las propiedades y el sabor no
son los de la sangre humana, por eso, los vampiros que disponemos de
dinero nos podemos permitir el lujo de contratar humanos para beber su
sangre y, dicho sea de paso, echar algún polvo para desahogarnos ambos,
aunque suele conllevar un plus. Hay toda una variedad de mortales que se
prestan a darnos este servicio, la suma de dinero es inmensa y el
riesgo suele ser mínimo por no decir nulo, pero solo hay un pequeño
problema… no es del todo legal en los países desarrollados. Se intentó
implantar y considerarse incluso como una profesión, pero había tantas
trabas legales y pedían tanto papeleo y dinero que al final se fue
creando un mercado sumergido en el que los controles sanitarios eran tan
deplorables y precarios que los cadáveres se acumulaban en las
alcantarillas donde el servicio era ofrecido, así que se decidió
prohibir.
Por ese motivo, sabiendo donde buscar por los recovecos
de la clandestinidad aún se puede disfrutar de sangre humana, eso sí,
por mucha cantidad de dinero pero… ¿Qué es el dinero para alguien que
tiene 1096 años?
-Egil… AAAH-
-¿Qué quieres, basura humana?-
-Quiero que… que me la metas-
Este
es John, tiene 30 años y lleva desde los 15 alimentándome. Está
bastante bueno por lo que mi paladar y mi vista se deleitan con él a
gusto.
-Cállate… deja de rogar y ábrete de piernas-
Y
este es mi creador Hares, del que ya he hablado, el cabrón parece
incapaz de conseguir sus propios humanos y siempre tiene que estar
presente en todas mis comidas.
-Oye, Hares ¿no puedes, aunque sea por una sola jodida vez, tener tu propio humano?-
-Vamos… ¿cuándo te he enseñado a ser tan egoísta?- me dijo mientras penetraba a mi humano.
-Tsk…- me di por vencido como siempre y seguí disfrutando de su dulce sangre a la vez que mi amo le follaba salvajemente.
-Egil… métesela-
Hares
se tumbó y colocó encima a John, que se puso de rodillas exhibiendo su
perfecto trasero mientras dejaba que mi amo se la metiera con un solo
empujón, yo me puse también de rodillas detrás del humano y le embestí
mientras él gritaba al sentir la presión que ejercían ambas pollas en su
estrecho agujero. No era su primera vez, pero le gustaba complacernos
gritando, llorando y suplicando con cada cosa que hacíamos para que nos
sintiéramos más poderosos abusando de su mortal cuerpo, ese cálido y
sumiso agujero del que empecé a hacerme adicto después de esos años.
-AAAAH AMOOO P-POR FAVOOOR-
-¡Eso es, suplica a tu amo!- me gustaba que ignorara a Hares.
-E-es demasiado, son...AAAH ¡son enormes!-
Nuestra
velocidad y agresividad eran demasiado para un mortal normal como él
bien gritaba, pero mi John no era cualquiera y aguantaba estoicamente la
agresión con el pecho apoyado sobre el cuerpo de Hares, a punto de
perder la consciencia pero sin dejar de deleitarnos con sus gritos y
ruegos en ningún momento.
Por fin nos corrimos gracias a la enorme
presión, el semen que estábamos expulsando a la vez se derramaba fuera
abundantemente mientras seguíamos penetrándole hasta descargar todo lo
que almacenábamos en nuestros testículos, cuando ya estuvimos
complacidos salimos del cuerpo inerte del mortal que parecía haberse
desmayado por la falta de sangre y por el placer que le envolvía cada
vez que estaba con nosotros y nos pusimos de nuevo nuestras ropas.
-Te has pasado bebiendo Hares- le increpé asegurándome de que siguiera teniendo pulso.
-A tú zorra le gusta así. Parece que te has enamorado de él-
-Pero que coño… no quiero matarle, eso es todo-
-¿Desde cuándo le importa matar a alguien al temido Egil Reaper?-
Tenía
razón, ese apellido me lo gané en la Edad Media descuartizando
campamentos enteros al servicio de Guillermo, el primer Rey de
Inglaterra.
-Búscate tus propios humanos y déjame tranquilo-
-No seas tan estúpido, tengo una sorpresa-
Guardé silencio esperando que fuera otra de sus múltiples tonterías y suspiré cruzándome de brazos:
-He conseguido información fiable sobre el paradero del medallón de Bhorn-
-¿Q-QUE?-
Vale,
esta vez me sorprendió… el medallón de Bhorn… era considerado como el
Santo Grial de los vampiros, un colgante capaz de hacernos caminar bajo
el sol además de otras cosas igual de asombrosas. Se cree que es una
leyenda, un mito, un cuento para niños… parece de todo menos real, pero
ahora mi creador dice que existe y que tiene pistas sobre dónde puede
encontrarse.
-N-no me estás tomando el pelo ¿verdad?-
-No,
pero ahora no voy a explicártelo- dijo mirando a John y dándome a
entender de que no quería terceros oídos que pudieran escuchar lo que
sabía.
-Va a amanecer, deberíamos irnos- lo apremié cuando miré el reloj.
Llevé
a John a su cama para que recuperara fuerzas y lo arropé resguardándolo
del frío que según los humanos hacía esos días, después volví con Hares
y nos fuimos del precioso y cuidado apartamento para resguardarnos del
sol y poder descansar.
Él conducía
orgulloso como siempre el lujoso lamborghini que compró el año pasado,
lógicamente atraía las miradas de transeúntes y conductores y eso le
hacía sentirse importante.
-Tsk… cerdo ególatra-
-¿Qué hay de malo en quererse?-
-Tú no te quieres, te crees el centro del universo, deja de poner esa estúpida sonrisa de superioridad-
-Egil… ¿después de todos estos años aún no has aprendido nada?-
-Sí,
claro que sí, he aprendido a no ser un egocéntrico como tú, a mi me
gusta más pasar desapercibido ¿Acaso tengo que ser un clon tuyo?-
-No jodas… te mataría… por eso te he aguantado todos estos años, porque tienes personalidad-
-Oye ¿vas a hablarme del medallón?-
-No, primero tenemos que conocer al que me ha vendido la información-
-Odio este puto secretismo-
-Es
que no sé nada aún… te estoy diciendo que he comprado la información,
hasta que no le pague no me dirá nada… esto funciona así He quedado con
él mañana a las 12-
-Está bien-
-A ver si por una vez puedes mantener tu polla en tus pantalones-
-¡¿Pero eso a qué viene ahora?!-
-He hablado por Skype con él antes… está más bueno que John-
-Sí… claro-
Le
miré y vi esa estúpida sonrisa de prepotente de mierda que pone, esa
que hace que me den ganas de partirle la cara, aunque siempre refreno mi
impulso… me dobla la edad y no sería prudente ni sensato intentarlo.
Por
fin llegamos a la enorme casa de 5 pisos que compramos hace veinte años
a las afueras de Los Angeles en el estado de California. Un terreno
inmenso en mitad del bosque, que no creo que hayamos recorrido nunca en
su totalidad, con un lago igual de grande sin ningún tipo de utilidad,
pero como ya he dicho a Hares le gusta todo a lo grande.
Nosotros
no dormimos en ataúdes… eso es un cuento que se han inventado los
humanos para hacernos más góticos y sobrenaturales y poder incluirnos
así orgullosos en la fiesta de Halloween. Mi cama mullida y suave es
mucho más cómoda y relajante que un puto ataúd… ¿En qué piensan estos
humanos? Cerré los ojos y no tardé en dormirme.
Un
inmenso horizonte vacío se dibuja a lo lejos, el suelo es blanco y
yermo, una mano en carne viva se posa sobre mi hombro y solo me queda
una opción… correr.
Me desperté agitado como
siempre, ese maldito y condenado sueño me lleva rondando en el
subconsciente durante un mes y siempre es la misma historia: yo estoy
desnudo en un campo blanco cuyo horizonte es blanco y todo es
jodidamente blanco, después una mano se posa sobre mi hombro y cuando la
miro veo que no tiene piel, yo me pongo a correr como una niña y
después me despierto cabreado e irritado por tener este sueño de mierda.
Hares
dice que soy débil y que dejo que me domine… ¿cómo pretende que yo
domine a un sueño? ¿acaso su alteza puede elegir lo que ve mientras
duerme?
-¿Qué haces? ¿otra vez ese sueño, nenaza?-
-Que te jodan, Hares-
-Vístete, tenemos que irnos a hablar con ese tal Bel-
-¿Bel?-
-Belial-
-¿BELIAL? que se cree que es ¿un jodido demonio?-
-Es un apodo para la red, retrasado-
-¿Cómo alguien con un apodo tan infantil y friki puede tener una información así?-
-Deja de hacer estúpidas preguntas y ponte los pantalones-
-Sí, señor-
Volvimos
al lujoso vehículo y me informó por el camino que teníamos tres horas
de viaje, en momentos así echaba de menos la luz del sol ya que viajar
por carreteras casi desiertas sin una pizca de luz era bastante
aburrido, pero yo siempre buscaba algún entretenimiento.
Mi mano
izquierda se posó en su muslo y fue deslizándose hasta encontrar el
bulto de sus pantalones, lo acaricié y lo apreté y cuando ví que se
había empalmado un poco le desabroché sus jeans y metí mi mano por
debajo de sus calzoncillos masajeando su deliciosa y suave polla.
-Siempre sabes cómo matar el tiempo con eficacia-
Ignoré su comentario y saqué su erección para masturbarle lentamente, sabía cuánto lo odiaba y por eso me gustaba hacerlo.
-Para ya maldita zorra y chúpamela de una vez-
-¿Te he dicho que vaya a hacer eso?-
-Sabes que puedo obligarte, así que no hagas que me enfade-
Tenía
razón como siempre, yo era más débil y siempre me amenazaba con esa
mierda. Me agaché y me la metí en la boca mientras su mano me empujó a
comérmela entera. Agarró mi pelo gruñendo y movió mi cabeza rápidamente
traspasando mi garganta una y otra vez. Hares es un sádico dominante… y
yo también, así que nuestros momentos sexuales eran auténticas batallas
por el control, lógicamente él solía salir victorioso, por eso había
veces en las que ni siquiera intentaba oponer resistencia… esta era una
de esas veces.
Si fuera humano me hubiera matado por
asfixia, no dejaba de atravesarme con su enorme polla a toda velocidad,
parecía que no estaría satisfecho nunca, pero por fin paró en una
gasolinera y descargó su semen dentro de mi garganta obligándome a
tragarlo todo… bastardo.
-¿Ya está a gusto, alteza?-
-Tú boca es la que mejor me la ha chupado nunca. Voy a poner gasolina, ahora vengo-
Después
de una hora y media más se desvió por un camino típico de las películas
de terror en las que un hombre espera al final con una motosierra, y
llegamos a nuestro destino, una casita de madera en mitad de la
naturaleza. Observé el modesto vehículo del tal Belial y sonreí al
compararlo con el grandioso y caro Lamborghini, el cual había pasado un
mal momento en el sinuoso e irregular camino lleno de baches.
-Puta mierda de camino, voy a matar a ese gilipollas-
-Solo es un coche Hares…-
-¡Cierra la puta boca! vale más que tú-
Antes de que pudiéramos iniciar una de nuestras batallas verbales salió
de la casa el tipo que nos llevó hasta allí… un impresionante chico
rubio de unos 20 años nos recibió con una sonrisa, su cara era tan
tierna que me provocó un ligero temblor de piernas y por primera vez en
1000 años me quedé sin palabras y babeando, extasiado con ese olor tan
dulce que desprendía, incluso Hares, a quién miré de reojo, se quedó
sorprendido por su esencia…
-¡Hola! Yo soy Bel.
Siento haberos traído tan lejos, pero para gente que tiene toda la
eternidad por delante no creo haya supuesto un problema ¿me equivoco?...
WOW ¡Vaya cochazo!-
Mantenerla en mis pantalones como me había dicho mi creador iba a ser muy, pero que muy, complicado.
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